ARTÍCULO: Mi paso por la Organización de Ciegos de Colima

Por Ana Rosa Gaspar Trinidad

(Primera parte)

Hablar de los acontecimientos ocurridos en 25 años de la vida de una persona, de un grupo, de una asociación o de una institución, nos lleva sin duda alguna a recordar anécdotas, experiencias, etapas, vivencias y aprendizajes que hemos compartido de manera colectiva o individual con cada uno de los elementos que conforman un grupo, independientemente de la función social, económica, deportiva o cultural a la que se dedique el grupo al que queramos referirnos. En este sentido, me parece importante hacer la aclaración de que hablo de 25 años, porque desde su nacimiento ocurrido en diciembre de 1994, hasta el 14 de octubre de 2019, la Organización de Ciegos Colimenses ha transitado por una serie de circunstancias que han sido favorables algunas veces, aunque desfavorables en otras, las cuales le han permitido llegar así a la celebración de su XXV Aniversario, no sin antes haber superado un sin número de barreras y obstáculos que la han hecho desarrollarse, crecer y fortalecerse gracias al trabajo, esfuerzo, talento, tiempo, voluntad y la constancia que cada uno de sus integrantes le ha aportado a nuestra organización.

De manera personal quiero referirme brevemente a algunas vivencias llenas de aprendizaje y momentos agradables que me ha tocado compartir con muchas de las personas que conforman esta asociación. Para empezar con este breve recuento de hechos, me gustaría decir que actualmente soy socia activa, ya que cuando se firmó el acta constitutiva era menor de edad, circunstancia que al igual que algunos otros compañeros, me impidió firmar dicho documento; sin embargo, eso no fue ningún obstáculo para apoyar aportando ideas y trabajo desde que se concibió la idea de fundar dicha asociación civil, lo que me permitió ser parte de las primeras personas desde que inició el Centro de Asesoría Académica de la (OCC).

Tiempo después, además de ser beneficiada por los servicios que ofrecía dicho centro a los estudiantes que estábamos en la escuela en aquellos años, pude integrarme al equipo de asesores apoyando como responsable de coordinar dos días a la semana las tareas que se realizaban, para después colaborar como auxiliar en la asignatura de actividades de la vida diaria.

Posteriormente, ya cuando la Organización de Ciegos Colimenses pudo tener su propio local que en aquel entonces se ubicaba por la calle 27 de Septiembre, en el centro de la ciudad, y que posteriormente se cambió a la calle Obregón, también en el centro, otro de los servicios que se incluyeron y que en la actualidad continúa brindando la organización,  es el servicio de vivienda, del cual también fui beneficiaria, hecho que contribuyó sin duda alguna a que mis compañeros y yo pudiéramos comprender la importancia que tiene la solidaridad y la colaboración en el trabajo de grupo.

Me gustaría resaltar, en este sentido, que gracias a la convivencia y al buen ambiente de camaradería que existía entre nosotros, la coordinación que logramos desarrollar entre los compañeros que habitábamos la casa nos ayudó a crear un enorme sentido de cooperación, ya que recuerdo con gusto que nos rolábamos las actividades de limpieza y aseo de manera equitativa, teniendo desde entonces el cuidado necesario de que las instalaciones de la asociación estén siempre limpias, porque sabemos de la importancia que tiene para nosotros mostrar una buena imagen personal así como de nuestras instalaciones.

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