Transición y miedo

Alberto Fernández, peronista declarado, no necesitará confirmar en una segunda vuelta su victoria en las
elecciones presidenciales de Argentina, al haber obtenido el 48% de los votos depositados en las urnas el
pasado domingo 27. Su victoria significa el fin del mandato del aun presidente Mauricio Macri (40.5%),
quien inmediatamente reconoció su derrota y, al día siguiente, pactó una reunión en la Casa Rosada con el
candidato ganador para sellar una “transición ordenada”.

Ese “pacto de alta política”, según lo consideraron medios de comunicación locales, da certeza al
panorama político de Argentina -la segunda economía sudamericana tras Chile y antes que Brasil- y un
respiro para enfrentar el grave momento económico que exige la implementación de medidas urgentes
que eviten un posible nuevo colapso económico.

Por eso, medio mundo y el otro también, alaba la actitud del presidente saliente y del entrante, quienes
con visiones de modelos económicos totalmente opuestos, mantienen discursos conciliadores que abonan
a comenzar a enyesar la tradicional fisura electoral que siempre divide a la sociedad argentina. La unidad,
han señalado ambos, es clave para el reto que en puerta tiene su país, especialmente ante el compromiso
ciudadano mostrado en las urnas: la participación fue del 82%.

Y es que en Argentina casi siempre se cumple el adagio de que la economía del país se hunde cada diez
años. Por ello, el Banco Central anunció duras restricciones cambiarias para contener el precio del dólar, a
fin de frenar la aceleración de la inflación y proteger los depósitos bancarios. En agosto pasado, tras la
derrota de Macri en las elecciones primarias, esa institución vio disminuir sus reservas en 22,800 millones
de dólares. El viernes antes de los comicios, el Banco reportó que más de 1,755 millones de dólares
fueron retirados ante el temor de una nueva crisis y ante la casi natural desconfianza que mantienen los
argentinos respecto a sus instituciones.

A la par, la inflación en Argentina se ubica en el 55%, de acuerdo a los índices oficiales de septiembre, lo
que provoca un constante aumento en los niveles de pobreza. De hecho, la administración de Mauricio
Macri no pudo contener el ascenso inflacionario que arrancó y se mantuvo imparable desde las
presidencias de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015).

Como parte del vuelco económico que encabezará, Alberto Fernández anunció que a partir del 1 de
noviembre patrocinará un descenso de los tipos de interés y pondrá fin a la alta remuneración de las
Letras de Liquidez (LELIQ) con las que se intentaba contener la inflación y la depreciación del peso. La
nueva estrategia se dirige a estimular el consumo interno y el crédito. El peligro es que puede disparar aún
más el alza de precios.

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