COLUMNA: Ojo de Mar

Perfil del periodista religioso

Por Adalberto Carvajal

Después de años de estudiar el periodismo religioso como un área de especialidad, José Francisco Serrano Ocejo observa que, para los medios, la información religiosa es un servicio al lector que, a su vez, es aprovechada en su caso por la Iglesia católica como respuesta de esa institución a su naturaleza pública.

En el capítulo dedicado al “Periodismo religioso” dentro del volumen Áreas del Periodismo (Cebrián Enrique, Bernardino y Mirón, Luis María, coord. Colección Periodística, 54; Comunicación Social, Ediciones y Publicaciones, Salamanca, 2013; p.p. 183-201), el académico español define, de acuerdo a una metodología de la ciencia periodística especializada, los elementos para la configuración de una realidad temática y tematizada de la religión: las fuentes, el perfil del profesional y el lenguaje.

Para este doctor en Ciencias de la Información y decano de Periodismo en la Universidad CEU San Pablo de Madrid, los medios de comunicación clasifican la información según sus propios criterios y el interés de los públicos, procurando facilitar el acceso de las personas a sus contenidos:

“La redacción de los medios suele contar con periodistas especialistas en cada una de las secciones, y esa especialización se hace visible en el conocimiento de las fuentes, de los protagonistas de las informaciones, de los intereses creados en torno a esa información, etcétera…

“Pero en un segundo nivel hay también información especializada que se refiere a temas más específicos que tienen unas características propias: un ámbito y un lenguaje propio, unas reglas de funcionamiento específicas y un público definido, formado por especialistas de esa área o personas afectadas o interesadas por ese contenido. Es información especializada la que presenta una gran complejidad o una gran cantidad de contenidos”.

Precisa Serrano que los periodistas que trabajan la información religiosa especializada (IRE), pero también los que se desempeñan “dentro del ámbito de la Iglesia, deberán conocer los temas más relevantes de la actualidad eclesial, las fuentes confiables, la estructura de la institución religiosa, sus organizaciones internas, su vocabulario propio”, su sistema de valores y la doctrina que defiende.

“Como en cualquier otro ámbito, (ese periodista especializado) deberá separar las opiniones de las informaciones para no mediatizar el posicionamiento de las personas. Es conveniente que las personas dedicadas a este ámbito tengan una cierta sintonía y estima a la vida de la Iglesia desde el punto de vista del interés y la relevancia de esta materia informativa”.

Al hablar de los rasgos propios del informador religioso, Serrano pide que sea un conocedor de la vida de la Iglesia desde dentro; técnicamente bien preparado y abierto a una formación permanente en cuestiones filosóficas y teológicas, no sólo en lo periodístico; conocedor de las implicaciones para la Iglesia del entorno social y mediático; centrado en el público al que se dirige, en especial las familias, los menos favorecidos y los alejados; y alguien para quien el sentido y la finalidad de los medios de comunicación tengan un fundamento antropológico.

Simonía, pederastia y celibato

No le tuvo estima ni estuvo en sintonía con la Iglesia el inglés David Yallop cuando escribió sus reportajes en libro: En nombre de Dios. Una investigación sobre el asesinato del papa Juan Pablo I (Diana, 1984), y El poder y la gloria, la historia oculta del papado de Juan Pablo II (Planeta, 2007).

Las revelaciones y especulaciones que hizo Yallop sobre la misteriosa muerte del expatriarca de Venecia, Albino Luciani, a los 33 días de su coronación papal, motivaron a otro británico, John Cornwell, a publicar en 1989, Como un ladrón en la noche. La muerte del papa Juan Pablo I, en el que ofrece datos para construir una versión sobre las causas naturales del inesperado deceso.

Tampoco le tuvo estima a la Iglesia católica el colombiano Fernando Vallejo, autor de un “ensayo histórico y académico” titulado sugerentemente La puta de Babilonia (Planeta, 2007). Pero, en cambio, es casi desapasionada la perspectiva con la que el catalán Manuel Vázquez Montalbán hizo la crónica de la primera visita del pontífice Karol Wojtyla a Cuba, Y Dios entró en La Habana (El País-Aguilar, 1998).

Este año ha sido un éxito de librerías el nuevo reportaje global de Frédéric Martel, Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano (Roca Editorial, 2019), en donde el periodista francés cuestiona la homofobia de una jerarquía eclesiástica (algunos papas, muchos cardenales, varios arzobispos, casi todos los nuncios e incontables obispos), mayoritariamente homófila, cuando no homosexual practicante, cuyos anatemas al sexo seguro o a los matrimonios igualitarios causaron millones de muertes por la pandemia del sida o la persecución y asesinato de gais en diversas partes del mundo.

Nada empáticos con la Iglesia han sido los autores de infinidad de reportajes escritos o de televisión (muchos de ellos publicados en forma de libros, recogidos en documentales o en ficciones cinematográficas) sobre la pederastia en el clero católico.

En España, Pepe Rodríguez es un periodista que se ha especializado en investigaciones sobre las sectas, y es autor de La vida sexual del clero (1995), Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica (1997), Dios nació mujer (1999) y Pederastia en la Iglesia Católica (2002), todos estos títulos en Ediciones B.

Mientras que en México, la especialista es la actual directora de la agencia Notimex, Sanjuana Martínez, con sus libros La cara oculta del Vaticano: de Ratzinger a Benedicto XVI, el papa inquisidor (Plaza-Janés, 2005); Manto púrpura: pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo, 2006); y Prueba de fe: la red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Planeta, 2007).

Ante la denuncia, catecismo

Frente a un trabajo periodístico que tiende a desacralizar a las instituciones eclesiales, fundamentalmente al clero, la Iglesia de Roma en México responde a través de comunicadores laicos plenamente identificados con la doctrina y con las corrientes más conservadoras del catolicismo.

En “Matutino Express” de Foro TV y en la tercera emisión del informativo de Imagen Radio, Esteban Arce da espacio a editoriales en contra del aborto y los matrimonios igualitarios, al tiempo que cultiva el albur y otras formas de humor homofóbico.

La postura teologal de la Iglesia en los medios masivos la expresa el padre José de Jesús Aguilar, en un tiempo vocero de la Arquidiócesis Primada, habitual en la cobertura de “Las Mañanitas a la Virgen de Guadalupe” y conductor de “En tu Camino”, que se transmite todos los días por Grupo Fórmula, y “Resonancias de Fe”, los domingos por Imagen Radio.

La cobertura de las festividades en la Basílica es un claro ejemplo de cómo se presenta en televisión el mito guadalupano: siempre como milagro y dando como un hecho histórico la aparición; si acaso destacando las manifestaciones de religiosidad popular, pero nunca como un proceso de aculturación en donde la cosmovisión indígena (con sus deidades femeninas) fue suplantada por la colonización española.

Más que periodístico, el conocimiento del fenómeno religioso en México ha sido un trabajo académico. Con Cultura popular y religión en el Anáhuac (Centro de Estudios Ecuménicos de México, 1978), Gilberto Giménez influyó en una generación de investigadores con su doble enfoque semiótico y sociológico.

En las universidades y centros de investigación existe una Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México. Y una de sus cofundadoras, la tapatía Renée de la Torre, ha hecho lo mismo estudios sobre la Iglesia de la Luz del Mundo que investigaciones sobre el catolicismo desde la perspectiva de los laicos.

Un enfoque también sociológico es el que mantiene Bernardo Barranco en su programa de entrevistas en Canal OnceSacro y Profano. Mientras que profundamente catequista resulta Roberto O’Farril en “El Pulso de la Fe” que transmite Proyecto 40. Cuando inició en CNI Canal 40, este programa se llamaba “El Pulso del Papa” pero, crítico de Francisco por sus ideas progresistas, O’Farril le cambió el nombre.

La posibilidad de que en el sexenio de López Obrador se otorguen concesiones de radio o televisión a las iglesias evangélicas, puso en jaque a una intelectualidad que reclama ahora la separación Iglesia-Estado pero se negó por años a revisar el discurso religioso que se emite por los medios electrónicos.

La Iglesia Universal Reino de Dios, fundada por el brasileño Edir Macedo, paga tiempo aire en las tres cadenas de televisión para sus programas conocidos como “Pare de Sufrir”.

En México se transmiten por los canales de cable varias emisoras católicas: María VisiónEWTN (Red Católica Mundial) en español y Adoración 24 Horas, además de los que tienen sólo cobertura local, que además de programas temáticos incluyen el Rosario y la Misa.

Estos medios corresponden a una estrategia de comunicación institucional, pero Bernardo Barranco diferencia aquellas iglesias que utilizan sus medios para sus tareas de evangelización o catequesis, de las organizaciones que ofrecen la salvación como una mercancía.

En ese sentido, los pastores que ofrecen el reino de Dios a cambio de una donación, no se diferencian de gurús, brujos y adivinos que, por un precio, ofrecen una solución mágica a todos los problemas de la existencia humana.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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