Emociones desde el encierro

Aholibama Andrade Calderón* 

La pandemia provocada por el coronavirus Sars-Covid-19 ha impactado en los ámbitos económico, social, educativo, cultural, político y, especialmente, en la salud. La historia de la humanidad será una antes y otra después de salir de esta contingencia sanitaria, que tuvo su origen en Wuhan, en la provincia de Hubei, en China.

México no ha quedado exento de esta enfermedad. El 14 de marzo de 2020, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, declaró la fase uno, a la que se denominó “fase de importación”. Esto implicó la suspensión de clases en todos los niveles educativos para evitar el contagio masivo y resguardarse en casa (distancia social), así como el cierre de otros espacios culturales, deportivos, comerciales, etcétera” (Andrade, Peña, Arellano y Salazar, 2020; 2271).

Las escuelas cerraron, cancelaron eventos, conciertos, reuniones, el Día de Muertos no fue lo mismo en Michoacán. Mes tras mes esperamos una solución, una vacuna, algo que nos diga que esto terminará. Como sociedad nos adaptamos, el cubrebocas ya parece una extensión de nuestro cuerpo y el olor a gel antibacterial ya no es propio de los hospitales. Puedo llamar a la pandemia un periodo de incertidumbre, ya que no hay una respuesta concreta para que esto termine y los ánimos para sobrellevar la situación son casi nulos.

Las afectaciones del aislamiento como medida preventiva durante la contingencia no sólo son a nivel económico, también a nivel emocional. Uno de tantos grupos de la sociedad, que se han visto afectados emocionalmente por el confinamiento son los jóvenes.

Emmanuel Sarmiento Hernández, director del Hospital Psiquiátrico Infantil ‘Dr. Juan N. Navarro indicó que: “debido al cambio radical y completo sobre las rutinas que los adolescentes estaban acostumbrados a realizar, empiezan a generar una serie de problemas emocionales o conductuales que probablemente se vayan incrementando con el paso del tiempo”.

De manera que, en este reportaje me centraré en las emociones que acompañan a la juventud durante la pandemia, con el objetivo de saber ¿cómo ha repercutido la cuarentena en su vida?, ¿cómo lo externan? Y ¿cuál es la importancia de la ayuda profesional en salud mental para las y los jóvenes durante la contingencia sanitaria?

Todos los individuos se encuentran en situaciones diferentes, algunos estudian, otros trabajan y otros todavía no saben qué rumbo deberían de tomar. De la misma manera, el contexto económico y social en el que se desenvuelven es diferente, no todos tienen las mismas carencias ni preocupaciones.

“Las emociones son un factor importante que determina nuestra respuesta al medio ambiente” (Villanueva y Ordóñez, 2012; 203), por lo tanto, el entorno donde se desenvuelve cada individuo repercutirá directamente su sentir y actuar. También es importante recordar que “cada persona experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, su aprendizaje y de la situación concreta” (AEC, sf; 44).

Son 7 las y los jóvenes entre 18 y 21 años, quienes participaron en este reportaje, los cuales viven en contextos diferentes y que aparentemente no tienen nada en común, pero todos sobrellevan a su manera la contingencia sanitaria y lo demuestran de diversas maneras.

Caso 1

“La religión ocupa un lugar destacado en la vida de las personas; sin embargo, cada una de ellas la vive, la siente y la percibe de una determinada forma. Es decir, se amalgaman la fe, las relaciones sociales y los símbolos”

Jiménez y Esquivel en Juventud e identidad religiosa

Nos quedamos de ver en su casa, Daphne Cruz, estudiante de medicina, tiene 20 años y accedió a regalarme un poco de su tiempo durante una fría mañana en la capital michoacana. No tiene ni una semana que cambió de residencia, después de subir tres pisos y desinfectarme con Lysol, por fin entramos al departamento.

La sala estaba compuesta por 4 cojines y algunos cuadros que faltan por colgar. El olor a nuevo todavía se respira en el ambiente; sonriente y todavía con pijama Daphne me dirige a su habitación. Su mudanza la emociona mucho “es un nuevo comienzo” me comenta, posteriormente se disculpa por la falta de muebles, me ofrece agua y procedemos a sentarnos en el piso.

Daphne me platica que desde su infancia le es fácil expresar sus emociones, considera que tiene una buena comunicación con su familia y sus seres queridos; de igual manera no tiene problema en desenvolverse con alguien ajeno a su círculo social.

Durante la pandemia experimentó 2 fases. La primera fue cuando se encontraba alterada y preocupada por temor a que su familia o ella se contagiaran.

Ella se quería aislar a toda costa, pero no es tan fácil como parece. Por mucho que ella estuviera en confinamiento los integrantes de su familia viajaban constantemente, sus hermanos se reunían con más personas, su madre y padre debían seguir con sus respectivas labores. Me comenta que estaba en un “confinamiento de mentira”, ya que ella no salía de su hogar, pero todos los miembros de su familia sí.

En la fase 2 de la pandemia (en la que actualmente se encuentra), Daphne se resignó. Comprendió que hablar de un confinamiento en su casa no era parte de su realidad. “Al principio estaba enfadada, ahorita ya me da igual. Estaba muy preocupada, quería aislarme de todo y todos, porque en ese momento había mucha incertidumbre. Entonces me angustiaba más el hecho de enfermarme. Ahorita ya me tomo las cosas con más calma”.

Le pregunto ¿cómo llegó a esa calma? o ¿qué fue lo que cambió en su cotidianidad en medio de toda esa incertidumbre?

A lo que ella responde:

Ir a la iglesia, nos reunimos porque son muy pocas personas. Sentirme cerca de Dios me ayuda bastante. Cuando me sentía muy preocupada o sentía que estaba muy tensa, pensando que nos íbamos a enfermar buscaba predicaciones en internet. Pero ahorita ya me acostumbré a vivir así”.

Pero no todo es malo, en su caso la pandemia fue una reconexión con su familia, ya que por su carrera pasaba menos tiempo con su madre y a sus hermanos prácticamente no los veía:

“Estos meses me han ayudado a darme cuenta de las cosas que valen la pena. Como comer con mi mamá o, por ejemplo, tomar un café con ella es más importante que ir a una fiesta”.

Daphne menciona que durante la cuarentena no ha recibido atención profesional que le ayude a estar tranquila, pues en su caso su soporte en tiempos de caos es el espiritual. A esto le suma que en su cuarentena existieron otras redes de apoyo (comunicación con su familia, pareja y amistades) que le han servido para sobrellevar el aislamiento.

La entrevista concluye con este comentario:

Yo ya acepté que así será nuestra vida por algún tiempo, ya no tengo problemas emocionales respecto a eso. Antes de la cuarentena mi tiempo libre lo ocupaba saliendo de fiesta, casi no descansaba. Pero ahora me doy cuenta que eso ya no es tan importante…”.

Caso 2

“Para millones de personas las drogas sirven hoy, como las religiones y la alta cultura del ayer, para aplacar las dudas y perplejidades sobre la condición humana, la vida, lamuerte, el más allá, el sentido o sinsentido de la existencia”.

Mario Vargas Llosa en La civilización del espectáculo

Le expliqué por mensaje un poco del reportaje y me dijo que en su horario tenía una hora libre, que si era suficiente en ese tiempo existía la posibilidad de ayudarme. Llegué a su domicilio a las 13:00, acababa de terminar una de sus clases. En la entrada, me quité los zapatos y procedí a desinfectarme las manos, saludé y agradecí su colaboración.

RM tiene 21 años, actualmente cursa el tercer semestre en la licenciatura de Animación Digital y Videojuegos (ADV). Me enseñó un poco de su proyecto final. Justo acababa de terminar el diseño digital de tres columnas griegas (dórica, jónica y corintia). Los detalles de cada una eran impresionantes.

Con mucha dificultad y dudando unos segundos, me platica que externar sus emociones no ha sido tan fácil ya que es muy “directa o cruda”. Esto no le gusta porque está consciente de que puede ofender a terceros con las cosas que piensa. En sus palabras las emociones que experimenta a lo largo de la cuarentena son:

“Subidas y bajadas muy fuertes. Impotencia, no sé, nerviosismo. Tal vez desesperación”.

Conforme avanza la conversación me comenta que llevaba casi 2 años sin consumir marihuana, pero a raíz de la cuarentena mandó a la chingada la escuela (por algunos meses) y lo único que quería hacer era fumar, porque la mota la desestresa. Volver a fumar se convirtió en una de sus vías de escape desde el encierro, aunque de vez en cuando también realizaba ejercicio para quitarse esa sensación ansiosa que la persiguió en más de una ocasión.

Le pregunto ¿qué fue lo que detonó para que volviera a fumar después de tanto tiempo? Me dice que tal vez pasa mucho tiempo con ella misma:

“El aislamiento te hace entrar contigo mismo y hay muchas cosas que en la cotidianidad no ves de ti. No ves inseguridades que sabes que tienes que cambiar porque tienes muchos distractores. Pero ahora que estás encerrado, estás totalmente contigo mismo y a veces te llega a cagar, porque es algo que no quieres afrontar ni trabajar, y ahí dices a la chingada me voy a poner pedo o voy a fumar”.

RM me comenta que anteriormente acudió con un terapeuta pero que, en realidad, no le gustó. Fueron varios los factores que la hicieron llegar a esa conclusión, pero no se cierra a la posibilidad de recibir ayuda psicológica que le ayude a manejar sus emociones.

Caso 3

“El baile no es el punto final, es una herramienta para decir cómo te sientes realmente y abordar temas que necesitan ser abordados”.

Bimbo Obafunwa en We Speak Dance

Gigi es una bailarina urbana de 20 años, reside en Morelia desde el 2015 y en su apretada agenda dedicó unos minutos para formar parte de este proyecto.

Llegué a su hogar alrededor de las tres de la tarde, la pintura del exterior de la casa resaltaba en toda la cuadra, los colores rojos, verdes y azules de las paredes brillaban con los rayos del sol. La puerta de la cochera estaba abierta, pues Gigi realizaba venta de garaje. Me explicó que al limpiar su casa en todos estos meses de encierro, salieron cosas que su abuela guardaba desde hace más de 50 años, y era el momento perfecto para deshacerse de algunos artículos y ¿por qué no? ganar un poco de dinero.

Me regaló un poco de gel antibacterial y en medio de ropa, zapatos, teléfonos y pañuelos me platicó un poco de su experiencia y emociones a lo largo de estos meses. 

“Al principio fue muy extraño porque hice mi horario, dije esto no me va a vencer y puse las clases que iba a tomar y todo. Tenía bien mentalizado que me iba a levantar a las 6 de la mañana, pero después de un rato todo valió, más y más y más…”

No me di cuenta de que me dormía a las 3 de la mañana y me levantaba a la 1 de la tarde, el día no me rendía. Empecé a no entrenar ni ensayar, a veces sólo 1 hora a la semana. Mi día consistía en comer y dormir. Estaba super triste y super deprimida. Ahí me di cuenta de todos los problemas que estaba acarreando. Mi cabeza estaba apagada y no me había dado cuenta”.

Una manera en que Gigi externa sus emociones es por medio del baile:

“Me pongo mis audífonos a todo volumen en un ambiente en el que no me vayan a molestar. Lo cual es complicado, sobre todo ahorita en cuarentena porque todos estamos encerrados en la casa. Pero me pongo a bailar, cierro los ojos, escucho y trato de entender lo que sea que esté sintiendo. Me gusta bailar en la oscuridad, con los ojos cerrados. Generalmente hago eso o me pongo a llorar sola”.

Gigi se encontraba “muy frustrada, muy irritable, y sobre todo muy molesta”. Me comenta que en varias ocasiones pensó en acudir con algún psicólogo, pero al final no lo hizo.

“No fui con un psicólogo porque parte de la cuarentena no era sólo estar preocupada por enfermarme, también por las cuestiones económicas y pues ¿qué iba a hacer si no podía salir a trabajar? Lo primero que pensé fue: no voy a gastar 500 pesos en un psicólogo si lo puedo ocupar después para comer o si lo gastaba luego me podría quedar sin comer. Esa fue la principal razón, pero sí lo tenía en mente y sabía que lo tenía que hacer”. 

Me comenta que tal vez la mayoría de los jóvenes no se acercan con un psicólogo por la cuestión económica y por el miedo a aceptar que necesitas ayuda, mientras Gigi se acomoda su cubrebocas, recapitula su anterior respuesta, me ve a los ojos y me dice: 

“Hay de dos, el miedo o el dinero”. 

Caso 4 

 

“La música era mi refugio. Podía arrastrarme en el espacio que existe entre las notas y acurrucarme en la soledad”. 

Maya Angelou 

 

Lemus es un joven moreliano humilde, enérgico y siempre lleno de buena vibra. Tiene 20 años, estudia una ingeniería en Audio y Producción Musical en la Academia de Música Permatta de Guadalajara, actualmente se considera un ex foráneo. 

Su voz es asombrosa. Todavía recuerdo la primera vez que lo escuché cantar hace más de 3 años. No podía creer que esas notas salieran de aquel sujeto. El sonido invadió toda la habitación, el público exaltado disfrutaba de aquella melodía. Al término de su interpretación los aplausos no paraban, pues una vez que escuchas a Lemus te das cuenta de que su pasión mueve hasta al más amargado. 

La entrevista la acordamos hace una semana, nos veríamos en el centro de la ciudad. Hoy, jueves 12 de noviembre de 2020, Lemus me manda un mensaje que me entristece, pero me recuerda que la pandemia sigue: dio positivo a Covid-19. A pesar de su estado de salud, está dispuesto a ser parte del proyecto. De manera que, hicimos uso de la tecnología y todo lo que charlamos fue por medio de Google Meet. 

Lemus me platica que contrario a lo que muchos piensan, él es muy malo para expresar sus emociones. Pero que la cuarentena fue el detonante para sacar todo; desde hace varios años solía aislarse cuando ya no podía controlar sus emociones, y si esto no le funcionaba se ponía a cantar a todo pulmón. 

Durante la pandemia, el estado de ánimo que más experimentó fue la ansiedad, pero las emociones más recurrentes fueron la tristeza acompañada de la nostalgia. Fueron diversas situaciones que detonaron la tristeza en su vida, pero la nostalgia se debía al añoro y recuerdo que le transmitía ser ahora un ex foráneo. 

Fue en el aislamiento que decidió acercarse con un profesional que le ayudara a entender y trabajar en sus emociones. El detonante fue la pérdida del sueño. Había noches, que se convirtieron en semanas, en que Lemus no descansaba nada y cantar o aislarse ya no le funcionaban: 

“Yo sabía que todo se me venía encima. Un día simplemente dije ¿sabes qué? ya estoy harto. Ya sabía que no estaba bien psicológicamente, mi cuerpo no encontraba un incentivo para poder bajar de peso, ponerme a dieta o darme el tiempo de una vida más sana. Al final de cuenta esto fue lo que me impulsó, o mejor dicho me arrastró a llevar una vida más sana física y mentalmente”. 

Lemus hace hincapié en lo mucho que lo ayudó acercarse con un profesional en salud mental y a manera de recomendación para todos aquellos que todavía no se animan a ir a terapia o que no encuentran un incentivo para hacerlo, comenta lo siguiente: 

“Aunque suena muy choteado, pero en verdad no necesitas estar loco para ir con un profesional. Quien no puede con sus problemas mentales no es débil. Hay veces que estás tan acostumbrado a algo que tu cerebro lo bloquea y no te deja salir de ahí, por más que tu digas: lo voy a hacer, lo voy a hacer. No sucede, todo te inhibe para no hacer las cosas. Muchas veces tú puedes sentir que no estás mal, pero vivir siempre mal y acostumbrarte a que es normal no es vivir”. 

Caso 5 

 

“El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos”.  

Schopenhauer 

Juan Pablo (JP) es originario de Morelia, tiene 20 años y estudia el quinto semestre de ingeniería en Energías Renovables, en la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Juriquilla. En resumen, puedo decir que es un joven que disfruta de la fiesta, de la compañía de sus camaradas y que no importan las circunstancias, si tiene alguna obligación la cumple en tiempo y forma. 

Por la pandemia y la forma en que se adaptó el sistema educativo, se vio en la necesidad de dejar su cuartito de foráneo, despedirse de sus compas, hacer maletas y regresar a Michoacán. 

JP me platica que para él la cuarentena ha sido una evolución personal. Desde un respiro de la universidad, hasta cuadros de ansiedad en los que no encontraba su lugar en el mundo. La nostalgia imperaba en su día a día, ya que la independencia que había ganado en Juriquilla se había esfumado de la noche a la mañana. El detonante para que entrara en crisis fue el anuncio de su quinto semestre en línea: 

“Nos dijeron que no íbamos a regresar este semestre, tal vez hasta agosto del próximo año (2021), y dije 

¡¿NOOOO qué está pasando?! me explotó la cabeza y tuve que asistir a terapias. Aquí los problemas de mi familia me comenzaron a consumir. Ahí fue el momento en el que dije: wey ya no quiero estar en Morelia. Lloraba y tenía ansiedad porque ya no quería estar en Morelia”. 

Enfatiza en que él no se había planteado como tal ir a terapia durante la pandemia, pero que gracias a que la ENNES Juriquilla tenía un convenio con la Universidad Iberoamericana, en el cual su objetivo principal era ofrecer apoyo académico, emocional y psicológico, en un “veremos” mandó sus datos y cuando pasaba por uno de los momentos más difíciles durante la pandemia, recibió un correo que le notificó que había sido seleccionado para recibir terapia gratuita. 

“Me dijeron “¿le entras?” y dije “jalo”. Fue coincidencia, destino, no sé. Pero me cayó como anillo al dedo. ¿Qué hubiera sido de mi si no hubiera tenido esas sesiones? me hubiera vuelto loco probablemente…” 

Pensativo, Juan Pablo recapitula un poco su evolución en la pandemia. Me dice que, en resumen, experimentó 2 extremos completamente diferentes en donde las emociones más recurrentes fueron la impotencia, ansiedad y actualmente paz. Al principio, se mentalizó acerca de la situación, sabía que sin clases presenciales tenía que permanecer en Morelia. Pero ni él, ni nadie pensó que la contingencia sanitaria perduraría tanto tiempo. Posteriormente, sufrió una recaída. Actualmente considera que gracias a las terapias pasa por un momento de  estabilidad. JP experimentó subidas y bajadas, y en todo este proceso encontró una reconexión con su familia, llevar más de 2 años como foráneo marcaron el rumbo de su independencia: 

“Pude conectar con mi familia, muchas cosas en nuestra relación se estaban deteriorando mucho, me estaba independizando muy rápido. También valoré un poco más mi vida porque si me cayó el “20” de mi salud, no solo por el Covid. Aunque estés joven te va a cargar la verga por algo, lo que sea. Lo malo de todo esto es que yo me quería divertir…” 

Caso 6 

“El arte nos ayuda no tanto a conocer la realidad sino nuestra realidad, el paisaje interior: aquel que nadie conoce más que nosotros, aquel que no le interesa más que a nosotros mismos y solo nosotros contemplamos, (…). En otras ocasiones, el arte es un modo de decirle a los demás aquello que no podemos decir de modo directo, porque no queremos o porque no sabemos, o sencillamente porque no es posible”.

Marián López en El derecho a la experiencia a través del Arte 

Paula Pinzón es una chica de 19 años, actualmente estudia Biología en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). A ella la conocí por allá del 2015, siempre mostraba una sonrisa nerviosa y recuerdo que era bastante tímida, eso hasta que el tequila hacía efecto en su organismo. Le hablé acerca de este proyecto vía WhatsApp, me comentó que para ella era bastante difícil describir sus emociones, pero que de alguna forma me podría ayudar. 

Fue de mi conocimiento que, antes de la cuarentena, Paula asistió a algunos cursos de dibujo y acuarela. Ella misma decía que por medio del habla no se podía desenvolver tan fácil. Tomando esto en cuenta, le comenté si era posible que usando alguna técnica artística sublimara las emociones que la acompañaron durante la pandemia. 

Le agradó la idea. De hecho, me dio las gracias porque así se sentía un poco más cómoda y me advirtió que lo que sea que creara tendría muchas referencias a su carrera (animales, ecosistemas, plantas). Después de algunas semanas, me contactó para avisarme que su producto estaba listo. 

En esta ocasión, me aventuré a las calles de la poderosísima Malandro Valle… ¡Perdón! Leandro Valle, una de las colonias de Morelia mejor conocida por su alto índice de inseguridad. Paula estuvo conmigo desde el momento en que me bajé de la combi. Ya en su casa, limpié mis zapatos en un tapete sanitizante que se encontraba en la entrada y me dirigí al baño para lavar mis manos. 

Paula realizó un dibujo a base de carboncillo, simplemente no sabía por dónde empezar. Traté de conectar algunos elementos, quise darle significado, pero no pude. Sin duda alguna, considero que jamás se debe separar al artista de la obra. No son sucesos aislados, la obra representa parte del contexto y el sentir del artista. 

La obra se titula: Una cuarentena más

Primeramente, me dice que para poder comprender su dibujo me debe poner en contexto: yo soy la tercera persona fuera de su núcleo familiar que la visita. En su casa tienen la oportunidad de vivir la pandemia en casi total aislamiento, los víveres se los hacen llegar a su domicilio. Únicamente, su madre sale 2 veces por semana para acudir a su trabajo, su padre tiene la posibilidad de realizar home office, mientras que su hermano y ella cursan la universidad en línea. 

Desde finales de 2019 había terminado su tratamiento psicológico, pero con la pandemia y algunos sucesos externos a ella se vio en la necesidad de regresar a terapia a mediados de agosto. 

Mientras yo contemplaba su dibujo, Paula me explicaba el significado de los elementos que conformaban la composición. Durante la pandemia experimentó lo que ella caracteriza como “lo más cercano a un rompimiento amoroso”: 

“Me sentía triste, enojada. Me sentía utilizada. Me vieron la cara de estúpida y dije: ¡Chale! Ya no quiero pensar en esto, ni en esa persona, ni en lo que me hace sentir. Era enojo derivado de muchas otras emociones que no sabía ni qué eran. Ahí fue cuando dije: necesito regresar con mi terapeuta”. 

Esto se puede ver en la bola de estambre, que simboliza cuando jugaron con sus emociones, pero ese estambre se va conectando a lo largo del dibujo. Pasa por la casa en donde ha estado encerrada por más de 8 meses, llega a sus dedos donde se juzgaba constantemente, se sentía culpable por sentir lo que sentía: 

“Es el momento de la desesperación, me veo terriblemente demacrada, me sentía horrible, me juzgaba constantemente en cosas que en el mundo presencial (antes de la cuarentena) no me daba cuenta”. 

Pero en algún momento todas esas emociones llegan a las flores, que hacen referencia a un renacer, donde empieza a convivir con su yo interior. Arriba de esas flores se encuentra un desierto, el cual me platica que no siempre significa un infierno de calor, porque sin ellos no puede haber amazonas. Por lo tanto, tienen un papel ecológico muy importante. El desierto durante la cuarentena de Paula hace referencia a la misma persona que la hirió emocionalmente: 

“Representó algo muy importante en mi vida porque yo nunca me había sentido así por alguien, me hizo voltear a ver eso que yo sabía, pero que toda la vida lo he ignorado por miedo. ¿Qué van a decir las personas? Pensaba que esto en particular no podía formar parte de mi vida, porque afectaría a todo el mundo”. 

Siguiendo las conexiones, llegamos a la mariposa, donde me platica que terminó viendo esa parte de ella misma que se negaba a ver: 

“Dije: ¡Está bien! Esto forma parte de mi persona, es como yo me siento y aunque no le guste a las personas que me rodean pues…” 

Hace una pausa, algunas lágrimas empiezan a rodar por el valle rosa de sus mejillas, un nudo en su garganta se empieza a formar y no puede articular palabras. Le digo que está bien, que se tome su tiempo, que yo no tengo prisa. Un poco más calmada y con la voz entrecortada me dice: 

“Es parte de mí y tengo que vivir con eso”. 

 Las nubes son la carga de emociones que no puede mostrar fácilmente. De manera que se van acumulando, pero en algún momento salen por medio de la lluvia, que en este caso serían sus lágrimas. 

De ahí llegamos a la cara de Paula, que se muestra como la Paula iluminada, donde reconoce y acepta sus emociones, me dice: “Ni pedo, ya pasó. Es una experiencia y vamos a esperar para ver qué sucede después”. 

Me voltea a ver con los ojos todavía un poco llorosos, se siente demasiado expuesta en estos momentos. No puedo describir todo lo que pasó por mi mente cuando terminó la entrevista. Hubo lágrimas, risas, frustración y preocupaciones. Tal vez, en esta ocasión, yo fui la persona con la que Paula se pudo desahogar dentro del mismo mar que la trata de hundir constantemente. 

Caso 7 

 “Pero mirar un cuadro con ojos limpios y aventurarse en un viaje de descubierta es una tarea mucho más difícil, aunque también mucho mejor recompensada. Es difícil precisar cuánto podemos traer con nosotros al regreso”. 

Ernest Gombrich en Historia del Arte 

Mariana Martínez es una artista de 18 años, lleva más de la mitad de su vida en Morelia. Hace algunos años convivimos en el Liceo Michoacano, pero en realidad nunca tuve la oportunidad de hablar con ella más allá de cuestiones académicas. Sabía que ella quería vivir de la artisteada. Por lo tanto, para este proyecto le pedí su colaboración con una pintura en donde mostrara sus emociones durante la pandemia. 

Considero que una pintura fue la mejor vía para que Mariana me explicara todo lo que aconteció en su vida durante los 8 meses en los que la pandemia ha formado parte de nuestra cotidianidad. Me comenta que, en realidad, desde su infancia nunca ha sabido cómo nombrar a sus emociones: 

Nunca nos enseñan a hablar de lo que sentimos o, bueno, por lo menos yo nunca lo aprendí bien. Creo que por eso me llama tanto la escritura y pintar. Considero que soy mucho mejor escribiendo o dibujando que hablando”. 

En su hogar, son 7 personas, las cuales se encerraron al mismo tiempo (desde la segunda semana de marzo). Me platica que antes de la pandemia nunca estaba en su casa, inclusive no siempre llegaba a dormir. Con mucho esfuerzo puede articular algunas de las emociones que experimentó en el aislamiento: 

Nunca estuve cómoda en mi casa. Las emociones más recurrentes en estos meses fueron ansiedad, angustia y miedo. No necesariamente por el virus. Me pegaba mucho no salir, se volvió una amenaza que evolucionó en mi mente. Soñaba muy seguido que entraban a mi casa y que me iban a hacer daño. Me obsesionaba con eso, creo que el exterior repercute mucho en mi salud mental». 

Hablando de la salud mental, me comparte que hace algunos años ella en verdad no sabía que tenía que ir con un psicólogo. El tema no era recurrente en casa y si lo llegaba a hablar con su madre terminaba en una rápida negación. Pero, fue en la prepa donde tuvo su primer acercamiento con una psicóloga, pero por diversos motivos nunca sintió que las sesiones la ayudaran. 

Durante la pandemia, inició terapia con otra psicóloga por videollamada porque era lo único que había en el momento. Ahí fue donde notó que estaba acarreando problemas desde hace mucho tiempo, la pandemia sólo los sacó a la luz. Todavía se encuentra en la búsqueda de un profesional con sesiones presenciales que pueda leer su cuerpo, ya que muchas veces habla más que ella. 

Su obra se titula: ¿Qué hay afuera que adentro duele más?

A diferencia de Paula, Mariana no tenía una explicación inmediata para todos los elementos de su composición. Así que, conforme hablábamos de cada parte de la pintura, salían las conexiones entre cada símbolo. El cuadro está inspirado en su cuarto. 

Me platica que durante casi toda la cuarentena no usó zapatos, se la vivió descalza o con chanclas. Los zapatosdentro de la pintura, significan la nostalgia por salir a caminar entre calles morelianas. 

En cuanto a la cama, en realidad no es de ese color. Sus sábanas no son azules. De hecho, no le gusta esa tonalidad. Para ella representa tristeza. A lo largo de la pandemia, Mariana no podía conciliar el sueño, por lo tanto, su lugar de descanso pasó a segundo plano. Ahora cumplía una función totalmente diferente, ahí descargaba todas las emociones que la agobiaban: 

“Ahí dirigía mi frustración y mi enojo. Por eso no podía descansar, tener que dormir donde no descansas era muy frustrante, había mucha tensión”. 

Siguiendo con la pintura, la ventana de los ojos no está en su cuarto. En realidad, no hay ventana. Es totalmente una representación de su inconsciente, pero los ojos simbolizan la presión de estar observada. Mariana hace una pausa y me dice: 

“Creo que todo se conecta, a los 10 o 12 estaba muy mal. Tenía delirios de persecución, sentía que las cosas y la gente me veía. Y pues esto volvió a salir en la cuarentena. No sé, creo que ya estoy cachando que es una constante en lo que hago. Estas figuras las pongo cuando algo me hace sentir ansiosa, cuando tengo miedo”. 

La pared verde la remonta a una de las casas donde vivió durante su infancia. Me dice que era un barrio peligroso y se tenía que mantener alerta. También le recuerda a la casa de una persona muy fea en la que no quiere pensar. La mano morada la adentra al miedo constante en el que vive, que, en este caso, lo representa con el color verde. 

Todo empieza con el miedo. Es lo que puedo nombrar, desde el miedo a enfermarme, miedo a enfermar a mi familia, miedo a lo que va a pasar después, miedo a lo que hay adentro, miedo a lo que hay en mi mente, pero en realidad todo se conecta y evoluciona en el mismo lugar, que es mi cama”. 

Lo que yo pensé que era un ropero, en realidad es una puerta. Pero, analizando más a detalle, Mariana me dice que es la combinación entre la puerta y el closet de su cuarto. Entre risas nerviosas añade: 

“Sorpresa, jajaja, tal vez sigo en el closet. Estar tanto tiempo conmigo misma me hacía preguntar quién soy. Pude ver dentro de mí, mis contradicciones y me preguntaba por qué me sentía así”. 

La sombra dentro del espejo hace alusión a la figura de su madre, algo a lo que ella describe como inaccesible. Los rayos arriba de la puerta son parte del ruido que existía en su casa: 

“Todo el día hay gritos de mis jefes y de mi hermano. Había momentos en los que me ponía muy susceptible, cualquier ruido que viniera de sus bocas me estresaba. No me dejaban descansar, los rayos son enojo”. 

Mientras que la figura que desemboca de los rayos y cae en un fluido me indica que es todo ese enojo se terminaba por traducir en frustración, estaba agüitada y angustiada, pues sus planes de estudiar en el extranjero se frustraron por la pandemia, no estaba donde ella quería estar, ni con la gente que ella quería estar. 

“Terminaba llorando, me imagino como un vaso. Todo el tiempo estaba goteando. No había otro lado para guiar todo eso porque tenía que estar encerrada y se derramaba en la cama”. 

Mariana se detiene por un momento, contempla la obra terminada y me dice que tal vez todos los ojos que pintó son de ella, pues la cuarentena fue un momento para repensarse, meses de introspección: 

“En realidad, era mi propia mirada quien me juzgaba, me presionaba por las expectativas que tenía y que no podía controlar. Esto me hacía verme a mí misma muy duramente. Pensar en todo lo que debería hacer, desde la escuela, la convivencia en mi casa, todo. Introspección, eso es. Tiene que ver con mi propia mirada hacía mi”. 

 Conclusión y reflexiones 

 La pandemia ha repercutido en diversos sectores de nuestra vida: el económico, escolar, social y como lo desarrollé en el cuerpo de este reportaje, el emocional. 

Emmanuel Sarmiento Hernández, director del Hospital Psiquiátrico Infantil ‘Dr. Juan N. Navarro, mencionó algunas de las repercusiones del confinamiento en jóvenes y adolescentes son: Trastorno de Estrés Agudo, Trastorno de Estrés Postraumático, Trastorno de Adaptación, Duelo y Trastornos relacionados con sustancias (que incluyen a un amplio grupo de drogas en donde se ha determinado, ya que se ve un incremento en el consumo de alcohol, tabaco y cannabis). 

Durante la contingencia sanitaria, todos los entrevistados buscaron una forma de escape de su realidad y sobre todo un soporte que los ayudara a manejar o soportar la pandemia. Dicho soporte, para unos fue la religión, para otros las drogas, el deporte o el arte; estas fueron pequeñas vías en las que canalizaron sus emociones. 

Desde antes de la pandemia, ya utilizaban algunos de estos mecanismos para sobrellevar sus preocupaciones personales. Pero el aislamiento repentino, el cierre de las escuelas y el miedo a contagiarse (o contagiar a su familia) fueron los detonantes para entrar en crisis. 

De cierta forma, se encuentran ante el duelo de su vida antes de la pandemia, que repercute de manera directa en sus emociones. En donde cada uno buscó un refugio, por así decirlo, en aquello que les permitía entender lo que sentían desde un lugar seguro que se volvió indispensable para entenderse a ellos mismos. Ahí es donde entra la ayuda externa, la ayuda profesional en salud mental que con terapia o acompañamiento los puedan guiar a entender y trabajar sus emociones. 

Mariel Cruz Ángel, psicóloga egresada de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), menciona que los beneficios de acudir consulta psicológica no solo son a nivel unipersonal: 

“Es como un efecto mariposa, un pequeño cambio o reconocimiento en las emociones repercute en la capacidad de relacionarse con el otro sin que exista conflicto alguno. No solo te lleva a estar sano emocional, también físicamente, lo cual puede llegar a impactar en todos los que te rodean. Por ejemplo, si yo sé manejar las crisis, el estrés no va a afectar de la misma manera a mi cuerpo. Por lo tanto, se hace una cadena donde el impacto no solo es individual, también social”. 

Parto de la idea de que no todos tienen la habilidad de articular su sentir en palabras concretas, en el caso de Paula y Mariana (quienes no son muy buenas expresando sus emociones) el arte se vuelve un discurso por descifrar. Lemus y JP tuvieron la oportunidad de acercarse con un profesional, pero no todos los jóvenes tienen esa posibilidad. Como lo dijo Gigi, también está la cuestión económica muy latente, en donde te preguntas: ¿gasto en un psicólogo o mejor compro algo para comer? Y por otro lado, el miedo a aceptar que necesitas ayuda. 

Sí, claro, existen terapias y acompañamiento psicológico gratuito, pero actualmente ¿en verdad se difunde este tipo de ayuda para los jóvenes? ¿Con quién se acercan? cuando el distanciamiento social en nuestro contexto actual es de vital importancia. Sí, las terapias también se adaptaron al formato en línea; pero regresamos a lo mismo, no todos tienen esa posibilidad, no todos cuentan con una conexión a internet, no todos tienen un dispositivo móvil para tomar clases, menos para tomar terapia y no todos encuentran un refugio en medio de la tormenta de sus pensamientos. 

En palabras de Mariana Martínez: “Nunca nos enseñan a hablar de lo que sentimos”. Y es verdad, conforme creces te enseñan a leer, a sumar, restar, con el objetivo de ser productivo en la sociedadPero ¿cuándo nos enseñan a mostrar nuestras emociones? Al contrario, muchas veces se les dice a los infantes que no lloren, que se calmen, que no hagan tanto alboroto. ¿Cómo decirle a los jóvenes que muestren sus emociones, si desde pequeños se les dice que no lo hagan? ¿A dónde van todas esas emociones? Algunos las subliman con diversas actividades, pero los que no encuentran la forma de sacarlo, ¿qué pasa con ellos? 

Tal vez estoy pintando un panorama muy “feo” o “crudo”, pero es parte de las vivencias actuales de la juventud. 

Para terminar, los entrevistados mencionan que no todo es malo, y concluyen que: sí fue un periodo de mucha ansiedad y tristeza, pero también significó aprendizaje y autoconocimiento, una reconexión con ellos mismos y con los suyos. Un momento para valorar, repensarse y aceptar lo que pasa en sus vidas. 

 *Estudiante del 3er. Semestre de la Licenciatura en Periodismo. Segundo lugar en el Concurso Andante.  

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Comentarios
  • Emocionante artículo, leí sintiendo lo que sintieron cada uno de los entrevistados, espero seguir leyendo más trabajos de ti Aholibama, felicidades !!

    4 febrero, 2021

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