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Abandono turístico en Suchitlán

abril 30th, 2019 | by Hernán Reyes
Abandono turístico en Suchitlán
Historias
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*Desde hace varios años el proyecto de La Barranca es ignorado

*Se pierden ingresos

 Imagina despertarte con el sonido de los pájaros, levantarte de tu cama, salir de tu cabaña y encontrarte con un bosque compuesto por árboles enormes, que, a su vez, cautivan el ambiente con un clima fresco y templado. Después de esto, bajar un sendero que te lleva al pueblo, puedes hacerlo a caballo o caminando, cruzando un magnífico río a través de un puente colgante.

Ya en el pueblo, poder deleitarte con un café típico de la región y cosechado por las mismas personas del lugar. Al salir de ahí, las personas se comportan generosas contigo, algunas de ellas se ofrecen para darte un recorrido turístico; otras te cuentan leyendas propias de la región, que tienen como protagonista a un señor llamado Gorgonio Ávalos, quien –según cuentan- tenía el poder de convertirse en el animal que él quisiera y que por mucho tiempo el gobierno estuvo tras de él.

Este lugar no forma parte de algún cuento fantástico ni se encuentra entre la lista de pueblos mágicos a nivel nacional, se trata de Suchitlán, un poblado pequeño del municipio de Comala en Colima.  “La llegada de un turista a Suchitlán significa el inicio de un gran proceso que integra desde jóvenes hasta adultos. La mayoría de las personas en el pueblo entregamos una parte de nuestra vida al pueblo con el fin de hacerlo más bello”, dice Mario Peña, presidente de la Junta Municipal, quien afirma que esta nueva administración simboliza el trabajo que el gobierno llevará de la mano con sus habitantes.

“Jóvenes se han acercado con nosotros con el fin de reactivar espacios culturales que sirven de atractivo para los turistas”, comenta. Una de las problemáticas más visibles de Suchitlán es el abandono del proyecto turístico de La Barranca, “un centro turístico que ha quedado abandonado por la falta de interés. Ahí cerca se ofrecían diferentes servicios como la venta de café, centros de masaje y relajación pero todo eso se detuvo”, comenta.

Las huertas de café son un tema muy importante pues “se han estado descuidando y no le han dado el apoyo necesario al campo y cada vez se deterioran más. Se tiene la idea de solicitar los apoyos a través del Gobierno del Estado o federal para dar marcha a los trabajos de reactivación y en conjunto con los jóvenes iniciar esta etapa de cambio, así como los recorridos guiados, la venta de frutas y un lugar de descanso. Todo el personal necesita estar capacitado para que guíen a los turistas y puedan atender una emergencia”, agregó.

 

 

Proyecto de La Barranca, abandonado

 

En uno de los caminos de Suchitlán se encuentra lo que fue La Barranca, un área turística ahora abandonada. “Era un proyecto turístico que  ofrecía un paseo por la naturaleza en el que se alcanzan a ver los volcanes y pastizales, dos puentes colgantes, rancherías y más”,  señaló Peña, presidente de la Junta Municipal, quien dijo que por la falta de recursos ya no se siguió con el proyecto. “Ante la falta de interés del gobierno estatal y del municipal nos hemos visto afectados. La misma comunidad, la misma gente de aquí no sabe y pues llega un turista y pregunta para ir a la barranca y casi todos se van por la brecha y prácticamente ahí no se ve nada. Lo ideal es ir por el otro camino para convivir con la naturaleza”, explicó.

Por el descuido hay  basura, como bolsas y botellas de plástico; vidrios, cubetas y ramas caídas que obstaculizan el camino; alambres de púas tirados y  latas de aluminio. A esto se le agrega el mal estado en el que se encuentran  los puentes colgantes de madera pues ya muestran deterioro: las tablas quebradas, los tirantes de los  puentes no tienen protección; en el camino, los miradores están graffiteados, hacen falta  protecciones para no caerse y  no existen señalamientos.

El presidente de la Junta Municipal propone “armar un grupo de jóvenes que estén interesados para reactivar el proyecto y solicitar los apoyos que se requieren para poner señalamientos o recorridos guiados, y que se implementen algunos puestos durante el camino. Esto generaría ingresos”.

 

Una visita a “los pulmones” del pueblo

 

Una camioneta blanca cruza rumbo al pueblo Suchitlán, va lenta pero segura durante el trayecto por la carretera. Esas cuatro ruedas, serían las que llevarían a dos fotógrafos, una reportera, a una editora y demás periodistas a lo que se convertiría en el viaje turístico más relajante, cansado y a su vez, tan asombroso como lo puede llegar a ser un paraíso natural que para casi cualquiera lograra considerarse como extraordinario.

Las llantas se detuvieron en el asfalto, justo en frente del jardín principal del pueblo, marcando luz verde. Cada uno se encontraba ávido de información, aunque algunos lo demostraban más que otros por medio de preguntas que se hacían entre ellos mismos. Nosotros, aunque incompletos, emprendimos el camino rumbo a la presidencia del municipio ubicada en el lado oeste del jardín principal. Una vez ahí encontramos (no de casualidad, pues uno de los periodistas que los acompañó les había comentado que habían dos encargados dentro del edificio) al presidente de la Junta Municipal, Mario Peña.

La editora y uno de los reporteros del equipo entrablamos una charla amena con él y, también, un recorrido al lugar –según palabras de Peña- más bonito de todo Suchitlán. Así que, con mochila sobre los hombros y teléfono en mano arrancamos el recorrido turístico liderado por Mario a donde, efectivamente, es el lugar más bonito, pero sobre todo valioso del pueblo, pues es “los pulmones del municipio” como lo describió el presidente.

La entrada a La Barranca de Suchitlán consiste en un camino formado de piedras con dirección a la derecha, que posteriormente se convierte en una pendiente inclinada pero muy corta. El sendero en su mayoría estaba lo suficientemente inclinado como para ser todo un reto bajarlo rápidamente y las ramas que lo invadían por ambos costados servían de cuerdas para poder caminar a través de ellos sin resbalar o caer.

En el transcurso del camino, Mario se dedicó a narrar la historia del sitio, desde sus inicios hasta el momento actual, y de vez en cuando soltaba uno que otro secreto del área que no mencionaré porque como dije, es secreto, y sólo lo puede saber aquella persona que va a directamente al lugar. No obstante, también se recibió información importante que era totalmente desconocida para el equipo, como que el municipio “¡fue el primero a nivel estatal en tener su propio ejido y el segundo dentro de toda la nación mexicana!” según expresó, con una chispa de orgullo en ambos ojos, el señor Peña.

Pasados ocho minutos desde ese punto se llegó a, quizá, lo más bello del recorrido: uno de los tres puentes colgantes que conforman la famosa barranca. Mario Peña fue el primero en colocar un pie sobre él. Los demás lo atravesaron con cuidado pues es el piso se  se balanceaba casi, casi con sólo respirar.

¿Cuántas personas soporta el puente? ¿Es seguro? Una de las periodistas prácticamente atacó al guía con esas dos preguntas y a cambio recibió una risa acompañada de una afirmación con la cabeza, “es totalmente seguro, las cuerdas de metal son lo bastante resistentes como para soportar hasta diez personas a la vez”, aunque aclaró que de igual forma el puente tenía que ser cruzado con cuidado para evitar algún accidente.

A mitad del trayecto después de 1.5 kilómetros recorridos, con rostros repletos de sudor, bocas secas y una ligera preocupación en una de las comunicadoras asmáticas, las pendientes inclinadas comenzaron a desaparecer poco a poco y los senderos planos de tierra comenzaron a predominar justo en frente de todos. Fue justo en ese momento que llegó el suspiro, y las respiraciones de los cuatro se acompasaron; la calma y tranquilidad invadió a los seres que andaban vagando por ahí, justo en el centro de los pulmones de Suchitlán.

Se detuvieron un momento a observar lo maravilloso de la escena. En el lado derecho había columna tras columna de plantas de café y caña que parecían estar casi perfectamente alineadas la una con la otra; juntas formaban un paisaje completamente verde que se mezclaba con el café de la tierra en las que estaban plantadas y los pequeños troncos de madera que estaban colocados a modo de cerca para evitar el paso. En el lado contrario había una cabaña de tamaño mediano a medio construir. Constaba de dos pisos, el primero era básicamente formado por ladrillos grises encimados y nada más, pero el segundo piso ya estaba enjarrado y pintado, y tenía un techo en forma de pico de color café, de madera.

Nadie quería moverse de ahí, pero el recorrido tenía que continuar. Así que, una vez más continuaron la marcha, esta última vez iban en fila, uno detrás de otro. El guía dijo que ya estábamos a punto de finalizar el viaje, y a pesar del cansancio por tanta subida y bajada nadie del equipo daba señales de querer irse. Sin embargo, continuaron.

“Sólo nos falta llegar al primer mirador y habrán visto lo mejor de todo el municipio”, dijo. ¡Cuánta razón tenía don Mario Peña! El mirador era amarillo, y a pesar de estar lleno de arte urbano aún mantenía el toque especial. El presidente nos dijo que subiéramos a disfrutar… y así fue. Las tres periodistas sabían que recorrer tres kilómetros enteros habían valido completamente la pena. En la cima del mirador se podía observar todo lo que se vio durante el trayecto, pero desde arriba, y el volcán de Colima fue la cerecita del pastel, pues se veían de fondo en el paisaje.

Era el momento de regresar y todos parecían tener algún tipo de magia sobre ellos porque no dejaban de sonreír ni un momento. Sabían que vivieron una experiencia irrepetible y especial, y también sabían que todo lo que sudaron se les quitaría con un simple baño de 5 minutos, pero la poco más de una hora de trayecto y todo lo maravilloso que presenciaron no podrían olvidarla en toda su vida.

 

Por Guillermo Rincón, Marian Toscano, Paola Godínez y Susana Núñez

 

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