Claves para definir al gestor cultural

*** Artículo de opinión que define las características de la gestión cultural: el arduo trabajo de visibilizar los valores que definen a una comunidad.

Roberto Martín Solano

 

La gestión cultural es la labor profesional de quienes ponen en contacto a la cultura con la sociedad. No lo hacen como críticos o como educadores, sino a través de una programación cultural y proyectos culturales.

Esto puede suceder de muchas maneras: fomentando la participación en actividades culturales, gestionando proyectos que nacen desde la iniciativa ciudadana, ayudando a desarrollar las posibilidades culturales de un grupo determinado, etc.

La gestión cultural implica el uso de todos los elementos habituales de gestión, pero comprendiendo la especificidad del mundo cultural y las implicaciones que tiene la cultura para la sociedad.

El gestor cultural está en un lugar determinado, en una institución, en una comunidad. Su labor contribuye a hacer siempre presente una determinada parte de la cultura en ese lugar específico.

Cultura siempre significa “valores”, “actitudes”, “visión del mundo”. Por lo tanto, contribuye a hacer presente esos valores, esa visión del mundo, que van marcando la mentalidad en ese lugar en ese momento histórico. Por otro lado, puede contribuir a crear una “sociedad cultural”, una sociedad que aprecie la cultura, que aprecie el patrimonio, que se dé cuenta que vivir la cultura es un aparte importante de la calidad de vida.

La labor del gestor cultural es trabajar, dialogar, convencer, convocar, recoger iniciativas y darles forma, involucrar a las personas en los proyectos, tener una visión y saber que hay una misión que se corresponde con esa visión. Y no perder nunca la fuerza, la perseverancia, la fe en que su trabajo es importante para la sociedad, lo reconozca ésta en un momento dado o no lo reconozca.

La gestión cultural depende mucho de las tradiciones nacionales: si se entiende que cultura es un bien público, el papel del Estado será bastante activo. Si se entiende que cultura básicamente es la expresión de la libertad de los individuos, su papel será otro.

En cualquier caso, el Estado, al menos, debe instaurar un marco que permita y favorezca el desarrollo de la vida cultural. A partir de ahí, habrá que mantener un debate público sobre si, en un momento determinado, el Estado debe hacerse más o menos presente en la vida cultural para conseguir unos objetivos que son culturales, pero siempre también sociales.

Por supuesto, cuando hablamos de “Estado” estamos hablando de todos los niveles de la administración pública: en cultura, por ejemplo, es esencial que las municipalidades asuman una gran responsabilidad por la cultura, por el patrimonio local, por incentivar a los ciudadanos de esa municipalidad concreta. La descentralización, si se cuenta con políticos responsables y bien preparados y con gestores culturales serios y profesionales, siempre ha favorecido a la cultura.

Editado por Rocío Rossi

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