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Constitución sin leyes, pero con cultura | Andante – Suplemento Periodístico de la FLC UCOL

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Constitución sin leyes, pero con cultura

agosto 29th, 2016 | by Andante
Constitución sin leyes, pero con cultura
Historias
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Risas, colores, gente, música, olores, alegría es lo que percibes si transitas un día por el andador Constitución, un callejón ubicado en el corazón del centro de la ciudad de Colima, que nos traslada a lo que pareciera una absoluta convergencia de ideas, estilos, formas de ser.

El centro cultural La Artería, fuentes, locales donde se venden artesanías, restaurantes, una tabaquería, partidas de ajedrez todos los días, el famoso puesto de los churros rellenos y una cafetería hacen del andador Constitución un lugar de congregación de músicos, poetas, bailarines, artesanos, comerciantes, jóvenes e intelectuales que día a día se dan cita para disfrutar del ambiente cálido y amable de un sitio que a través del paso del tiempo, se ha convertido en un referente de la cultura underground en el estado.

El historiador Héctor Porfirio Ochoa cuenta que, antes de los años 80, el andador aún era una calle abierta al tránsito automovilístico, pero que en el gobierno de Griselda Álvarez Ponce de León se realizó una remodelación en esa calle.

Se construyó en la esquina norte de la cuadra, el estacionamiento que aun continua ahí, que originalmente administraba el gobierno estatal y que actualmente es parte de la tienda La Marina. Debió haber sido en el año 1982 o 1983 cuando se cerró la calle y se volvió peatonal”.

Conforme pasaron los años se fue recuperando el espacio, dice Ochoa. El gobierno instaló en el sótano del estacionamiento sus oficinas de finanzas, y el DIF una tienda de artesanías.

“En el espacio que había entre la tienda de artesanías y ese sótano se construyó el café La Arábica, entonces, el café Las Palomas del Hotel Ceballos cerró, y con esto, se cerró también la entrada que había al hotel por ese lado. A partir de ahí, La Arábica empezó a ser muy concurrido, y actualmente tiene fácilmente 15 años en el lugar”, explica Ochoa.

Su dueña, Lupita, atiende la cafetería todos los días, y dice que el andador sí cumple con su función: la der ser un espacio novedoso y de expresión.

Yo me siento muy satisfecha y orgullosa de estar en este pequeño punto y de ofrecer mi café, esforzándonos para tenga la misma calidad siempre, y también me da gusto ver que aquí se convocan personalidades de la vida cultural, intelectual y política del estado”.

Al mismo tiempo también llegaron los pintores, los dibujantes de rostros, de paisajes, de historias, Héctor Porfirio Ochoa cuenta que “durante muchos años existió un grupo de pintores que se autonombraban los tlacuilos, palabra náhuatl que significa “pintor”, que eran quienes hacían los códices en la época prehispánica. Ellos retomaron la palabra y se pusieron en el andador. Hacían retratos de personas, dibujos, paisajes típicos de la región como los volcanes y la playa. Algunos aún siguen ahí”.

Carlos Torres, médico de profesión, pero que por la pasión que le provocaba la pintura decidió no ejercer su carrera, es uno de ellos y, comenta que algunos de los integrantes de ese grupo decidieron irse del andador y que algunos más, desafortunadamente ya fallecieron.

 “Este lugar es mi segunda casa, desde hace 20 años he permanecido aquí continuamente. El andador es un lugar muy querido por mí, porque he pasado parte de mi vida aquí”, dice rodeado de sus pinturas y sus utensilios de trabajo.

Don Marcos, que vende sus artesanías y poemas de jueves a domingo ahí, considera al sitio también como una fuente de trabajo, pero sobre todo, como una fuente de cultura.

Para mí estar aquí es sentirme libre; es tener un ingreso económico extra, porque realmente no hay trabajo. Aquí nos la pasamos nosotros los artesanos, los pintores, poetas, escritores, en un lugar cien por ciento cultural. La mayoría de nosotros somos artistas, y a la gente le gusta eso, y a nosotros nos gusta convivir con la gente, nos gusta la crítica y también nos gusta que admiren nuestras creaciones. Es una retroalimentación que nosotros tenemos y que nos hace sentir bien, además siempre hay alguien que está tocando música: el señor Bindú”.

Bindú Gross llegó a Colima hace más de 30 años. Originario de Lusby, Maryland, en Estados Unidos, es famoso por tocar blues y jazz en el andador con su saxofón que se puede escuchar de extremo a extremo del callejón.

Es parte de mi vida familiar. Aquí he pasado momentos muy memorables relativos a mi crecimiento como ser humano. Yo en lo particular trato de hacer lo que hago como una forma de agradecimiento a la paz que la comunidad de Colima me ha dado”, cuenta Bindú mientas, sentado en una banca del Andador con su saxofón en las manos, saludo a quien llega a entablarle conversación.

El anda, como muchos de los jóvenes que se reúnen ahí lo llaman, alberga a chicos y chicas de distintas tribus urbanas, de distintas formas de actuar y de ver la vida.

Para Pandha, de 23 años, en el Andador Constitución encuentra algo más que amistades: “la gente que se junta aquí es una familia, y el andador es el lugar donde todos podemos estar siempre, como la casa de todos los vale ve… de aquí”.

“A mí me encanta que estén ahí los jóvenes, porque de por sí no tienen muchos espacios para estar. Si limitamos más los espacios públicos para los ellos, estaríamos yendo en contra del sentido común pues, la mitad de la población es menor de 29 años que es el rango de la juventud”, comenta Héctor Ochoa.

Pero no sólo ellos se apropian y hacen suyo el andador. El historiador cuenta que incluso para manifestaciones de disidencia política ha sido utilizado este callejón. “Se han hecho ahí actos conmemorativos de la matanza del 2 de octubre, de apoyo a los padres de­ Ayotzinapa y muchos actos más”.

Así, el andador Constitución, el callejón, o simplemente el anda, diariamente nos cuenta historias solo con pasar por ahí, nos cuenta leyendas de situaciones que ocurrieron y nos invita a entrar en un mundo paralelo a las condiciones de violencia, problemas económicos y políticos que aquejan al estado.

Don Marcos piensa que es importante que existan más espacios como éste en Colima porque “habemos mucha gente que tenemos esa necesidad de expresarnos, entonces qué mejor que tener cultura, salir a dibujar, hacer artesanías, a platicar de arte, de poesía, de lectura y no tomar un vicio o agarrar una cosa que no es sana”.

De igual forma Lupita dice, mientras prepara un capuchino, que estar aquí es la parte amable del vivir. “Tener estos espacios es donde la gente de reencuentra, donde interactúa es parte de la vida, de la vitalidad que tiene que tener una sociedad”.

Mientras tanto, Pandha dice entre risas que “hay mucha gente que no nos sentimos a gusto con fresas o con buchones, y con gente que se cree sicaria, porque se nos hace muy pendeja, y de estarlos aguantando en los bares y estar pagando de más, a tener lugares donde podamos convivir y ser nosotros mismos, está mejor”.

Es muy importante que la gente joven tenga un lugar donde pueda expresare sin prejuicios. Yo me siento muy afortunado de ver tantas diferentes formas de pensar y de expresarse de una manera muy pacífica”, dice Bindú mientras se lleva a los labios la boquilla de su saxofón, un domingo por la tarde en el andador Constitución.

 

Por Monserrat Cárdenas

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