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El periodismo colimense y la censura que lo acobija

abril 30th, 2019 | by Hernán Reyes
El periodismo colimense y la censura que lo acobija
Historias
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Desde hace algunos años la situación de inseguridad que se vive en México ha sido alarmante, convirtiéndose en noticia a nivel internacional debido los altos índices de violencia y pobreza en el país. A la par, la censura ha crecido a pasos agigantados y con el paso del tiempo golpea con mayor fuerza, incluido al gremio periodístico, sin que nadie pueda garantizar la seguridad de quienes ejercen esta profesión.

El día 12 de abril, durante su conferencia matutina, el presidente de la República mexicana, Andrés Manuel López Obrador, fue cuestionado por Jorge Ramos, periodista de Univisión, sobre la violencia en México. La situación como tal generó mucha polémica, sin embargo, lo que llamó la atención fue la diferencia en las estadísticas que presentaban el mandatario y el periodista.

La polémica no terminó ahí. Tres días después López Obrador avivó el fuego cuando envió un mensaje al gremio periodístico, un mensaje delicado puesto que se enmarca en la lista de injusticias que sufre el periodismo en México: “(…) creo que ustedes no sólo son buenos periodistas, son prudentes, porque aquí los están viendo y si ustedes se pasan pues ya saben, ¿no? Lo que sucede, pero no soy yo, es la gente; no es conmigo, es con los ciudadanos que ya no son ciudadanos imaginarios, hay mucha inteligencia en nuestro pueblo, entonces antes se menospreciaba a la gente».

En esta llamada Cuarta Transformación (4T) los ataques hacia el gremio periodístico no se han frenado ni con la llegada de López Obrador a la Presidencia de la República: durante los primeros cuatro meses de su sexenio seis periodistas han sido asesinados, y en ninguno de los casos se ha detenido al responsable.

A lo anterior se suma la etiqueta que el presidente le cuelga a la “prensa fifi”, como le dio por llamar al periodismo crítico. Sin embargo, este calificativo resultó gracioso para muchos, aunque fue en detrimento de la credibilidad hacia ese tipo de periodismo. Por eso es necesario identificar el toque peyorativo en esta expresión además del panorama desafiante e incierto que tiene el periodismo en nuestra nación; esto con el fin de pensar en el abanico de posibilidades que la prensa tendrá durante el sexenio morenista, sobre todo a la hora de ejercer la libertad de expresión.

Amén de lo mal recibido que es el periodismo de investigación, pues evidencia la corrupción, el mal funcionamiento de alguna institución, algún tipo de vínculo con el narcotráfico u otras actividades ilícitas, pues quienes lo practican se han convertido en blancos fáciles y año tras año son muchos y muchas colegas los que pierden la vida.

Sin embargo, la cosa no termina ahí: a la censura y los ataques a la prensa hay que sumar la indolencia de las autoridades ante dicha situación ¿Cuál razón habría para que se hagan oídos sordos ante los ataques a periodistas? ¿Cuántas plumas más tienen que derramar su tinta para mejorar las condiciones laborales del periodista?

Las autoridades –y la sociedad, quienes terminan escrutados por el periodismo– deben entender que “no se mata la verdad matando periodistas”: una de las principales funciones del periodismo es informar a la sociedad lo que ocurre. La verdad puede prevaler aunque autoridades nacionales y estatales se molesten porque salen a la luz estadísticas o situaciones, las cuales generan un debate entre la población. El periodista muchas veces es increpado y se convierte en una piedra en el zapato que de alguna manera tienen que quitar.

En lo que corresponde a Colima, una entidad habitada por 711 mil 235 personas, de acuerdo con el INEGI, el periodismo ha sufrido pocos ataques. En Colima, y a comparación de otros estados, los ataques hacia el gremio no son muchos y no tienen un grado elevado de violencia, pero eso no significa que no la haya, ni que tampoco quieran censurar a medios o periodistas por realizar su trabajo.

En Colima, es común que se obstaculice la labor de un periodista durante la cobertura de un hecho que pueda resultar incómodo para autoridades o sociedad en general; y si no es eso, entonces se entorpece su libre ejercicio, sobre todo al tratarse de los hechos que afectan la imagen de algún actor social o que exhiban a instituciones públicas o privadas.

Son variados los casos y van desde hostigamiento, acoso y amenazas a quienes cubren la nota roja o la sección de policíacas en los periódicos locales, hasta múltiples atropellos, agresiones físicas, cargos ficticios en su contra y ni qué decir de amenazas de muerte, como el ocurrido el 17 de abril cuando los reporteros del Canal 12.1 Colima, Alfredo Verduzco y Oscar Salazar fueron hostigados mientras ejercían su derecho a informar.

¿Por qué tratar de esa manera a alguien que sólo realiza su trabajo?  La razón por la cual los policías municipales de Tonila, Jalisco, y el personal de la caseta de San Marcos en la Autopista Colima-Guadalajara, atacaron a los reporteros colimenses fue porque estaban realizando una nota sobre la afluencia vehicular con motivo de la temporada vacacional. Las autoridades trataron de borrar las imágenes que habían tomado e impidieron que siguieran trabajando.

En ninguno de los casos esa actitud es aceptable, ni siquiera debería considerarse algo normal dentro la sociedad, hay que entender que por más mínimos que sean los ataques hacia los periodistas tienen gran importancia, porque no solo atacan al informador, sino que, también son golpes mortales a un dañado derecho que tienen los colimenses – en este caso- de informarse.

Todo esto comenzó a tomar fuerza en el año 2012 cuando Mario Anguiano Moreno era gobernador del Estado. En el libro Periodismo Bajo Censura; Uso arbitrario de la publicidad oficial y otros temas de comunicación del reconocido periodista colimense Pedro Zamora Briseño, publicado en el año 2016, se plasma perfectamente mencionando algunas situaciones que me permitirán ejemplificar el tema.

En su libro Pedro Zamora dice que, a consecuencia del abismal aumento de la violencia y el creciente grado de inseguridad, las autoridades del 2012 eran criticadas y cuestionadas en los espacios informativos. Por ende, el exgobernador tuvo que tomar algunas medidas con las que pretendía suavizar la tensión que en ese momento había y con ello ocultar información que los perjudicaría.

“Entonces el gobierno de Mario Anguiano decidió combatir la percepción social de la inseguridad y el ocultamiento de información sobre los hechos de esta naturaleza, situación que coincidió con la política implementada poco después en un sentido similar por el gobierno del presidente de Enrique Peña Nieto, promovida en todo el país”, asegura Zamora.

Política que hasta el día de hoy sigue vigente, debido a que en los boletines de prensa no dan a conocer alguna estadística que hable sobre su ardua tarea para revertir la situación en Colima. Solamente comentan lo que realizan en bienestar de la sociedad, y que en muchas ocasiones dichas acciones no eran necesarias. No se trata de darle publicidad a la delincuencia ni nada por el estilo, sino, de informar a la ciudadanía lo que pasa en el estado.

Otra forma en que se ha censurado a los medios de comunicación es a través de la publicidad que compra el gobierno, pues representa una gran entrada de efectivo que beneficia al funcionamiento del mismo. Hasta ahí no hay ningún problema, pero lo que sí me hace mucho ruido, es la forma en que un medio pierde su esencia con tal de seguir teniendo dicho apoyo.

Es decir, que dejan de realizar su función principal: informar de manera crítica el acontecer colimense, con tal de que no tomen represalias y les dejen de comprar publicidad, algo que representa la existencia de muchos medios de comunicación, porque ya que de ahí obtiene mayor recurso.

Aquel medio de comunicación o periodista que piense que para poder ejercer el derecho de la libertad de expresión tiene que apoyar a los apoderados, están equivocados. Lo único seguro que tendrá con esa unión, es vivir bajo la sombra de la censura; es creer que informa a la sociedad cuando en realidad la está desinformando, y eso, señores, no es periodismo.

Lo que todo esto conlleva es la ausencia del espíritu crítico, el escaso seguimiento que se le da a una nota, el pobre análisis de fondo que se tiene y una clara desorientación por parte de los medios, pues han olvidados que a los que tienen que servir es la sociedad colimense y no a la cúpula política de la que muchos quieren una rebana del pastel.

El periodismo es informar, interpretar y guiar a la sociedad, ser su vínculo con el gobierno. Es darle voz a quien no la tiene, descubrir realidades que piden a gritos ser escritas. Esa es la manera de aportar mi grano de arena para que haya un cambio en la sociedad: ¿quién dijo que distorsionar la realidad solo para beneficiar a unos cuantos es lo correcto?

Ya lo decía Francisco Zarco, quien es reconocido como uno de los grandes defensores de la libertad de expresión: “la prensa no solo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización”.

 

 

Por Francisco Mojarro

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