Intimidaciones y amenazas, lastres del fotoperiodismo: Bernardino Hernández

*** “La violencia es un monstruo de mil cabezas, que pisa fuerte”, añade el reportero reconocido por el prestigiado Warm Festival Sarajevo, como el mejor fotoperiodista en el 2016 ***A pesar de los protocolos de seguridad, la vulnerabilidad de los fotoperiodistas es permanente.

Luis Castellanos

 

“Mi única herramienta de seguridad es mi celular, para avisar dónde estoy”, me explica por correo electrónico Bernardino Hernández, que por más de tres décadas se ha dedicado al periodismo, especialmente al fotoperiodismo, en su natal Acapulco, Guerrero.

Periodista autodidacta, Bernardino Hernández comenzó a trabajar en los diarios locales: Trópico, El Heraldo de Acapulco y Milenio, donde se inició como reportero gráfico. De ahí saltó a El Sol de Acapulco, y luego ya como freelance ha colaborado con El Sur y la agencia Cuartoscuro. Desde 2005 colabora también como freelance para la agencia Associated Press.

“Una imagen puede sembrar conciencia –continúa Bernardino Hernández-, puede coadyuvar en reconstruir el tejido social, puede y debe orientar a la paz.” El Charalito, como lo apodan sus allegados, mencionó que toda tarea periodística es importante, sin embargo destacó que preferiría “que los medios ya no se tiñeran de sangre.”

Es reconocido como uno de los mejores fotorreporteros en distintos escenarios de México y del mundo. Hizo historia al convertirse en el primer latinoamericano en pertenecer a la Asociación de Corresponsales de Guerra.

El Warm Festival de Sarajevo, organizado por la misma Asociación, donde exponen los mejores fotoperiodistas del mundo, lo reconoció como el mejor fotoperiodista del 2016.

A la pregunta por sus protocolos de seguridad, sólo respondió: “no sé a qué protocolos te refieres. Pero de lo que existe, ahí están, aunque no son suficientes”, con lo que se infiere que la vulnerabilidad y el riesgo son latentes para los fotoperiodistas.

Sobre las estrategias de seguridad utilizadas por el gremio, en la cobertura de hechos que se consideren peligrosos, el fotoperiodista explica: “Lo que hemos hecho, en algunos casos, es organizar un grupo de reporteros afines, y contratamos autos o nos vamos en los nuestros y en fila india, vamos al lugar de los hechos, pero hasta ahí.”

En el 2018 ganó la XIV edición del “Premio Miguel Gil Moreno de Periodismo”. El jurado reconoce con este galardón su compromiso con los derechos humanos. En su resolución, el jurado ha destacado “la excelente trayectoria profesional, la valentía y el profundo compromiso con la verdad de Bernandino Hernández, quien además comparte el mismo espíritu de Miguel Gil Moreno en el empeño de documentar a través de sus fotografías el goteo diario de muertes y violencia en el puerto de Acapulco, en el Estado mexicano de Guerrero. Un trabajo que comporta grandes dosis de riesgo personal y que le ha llevado a tener que ‘exiliarse’ temporalmente en Ciudad de México, tras sufrir agresiones y amenazas”.

En la pregunta sobre una propuesta para mejorar la situación de vulnerabilidad y evitar la violencia que sufren los fotoperiodistas, señala a manera de conclusión: “No hay una ruta por ahora. La violencia es un monstruo de más de mil cabezas que pisa fuerte, y cada vez crece más la impunidad”.

Editado por Rocío Rossi

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