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Un día en el  Xolo-fest

abril 30th, 2019 | by Hernán Reyes
Un día en el  Xolo-fest
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Me encuentro recorriendo lo que parecen ser 5, 6 ó 7 calles bajo el -todo poderoso- sol que caracteriza a nuestro pequeño y hermoso municipio de Colima.

Camino, casi troto, para llegar a tiempo al lugar en el que se encuentran reunidas mis amigas, cuando de pronto me doy cuenta que olvidé algo importante (mis lentes de sol y mi sombrero) en el auto, me regreso irritada y maldiciendo al bendito sol que quema mi piel, al llegar al carro bajo aquellas cosas que olvidé y retomo mi camino -maldiciendo otra vez- hacia el corazón del centro de Colima, la calle Madero.

Cuando arribo, lo primero que noto es que hay demasiada gente y agradezco infinitamente el haber dejado lejos, pero en la sombra, mi vehículo, busco a mis amigas y cuando por fin localizo a una (Marina), nos reunimos para buscar a la otra (Itzel).

Al encontrarnos finalmente todas en un punto recientemente acordado por teléfono, nos dirigimos hacia el jardín libertad, donde se realiza la segunda edición del XoloFest, mismo que busca resaltar al Estado de Colima por medio de la figura emblemática del xoloizcuintle y que es organizada por distintas organizaciones colimenses; una vez ahí, comenzamos a grabar el video que en un futuro no tan lejano se convertiría en nuestro reportaje.

Cuando cruzamos un arco hecho de madera decorado con papel maché, y muchos, muchos colores, lo primero que vemos son las preciosas pinturas de xolos realizadas por jóvenes y adultos del Instituto Down, hacemos unas tomas de estos, los admiramos y a continuación Marina y yo dejamos a Itzel recopilando imágenes de todo lo que nos rodea mientras las dos nos dedicamos a ver todas las hermosas manualidades que caracterizan a Colima.

Ambas conversamos animadamente con los vendedores, chuleamos sus productos, nos sorprendemos con otros, e incluso, probamos algunos. Cuando nos detenemos frente a un puesto con jabones sé inmediatamente que si no me retiro pronto, me quedaré sin dinero para el resto de la semana, así que después de escuchar cómo realizan sus productos y la gran variedad de estos, nos dirigimos a un puesto de salsas, aquí, me quedo sin $35 pesos.

Pasadas dos horas, decidimos que tenemos suficientes imágenes y nos dirigimos al quiosco ubicado en medio del jardín; decorado con un enorme altar de muertos, una catrina gigante justo en medio, y mucho papel maché con dibujos de la película de Coco; le damos la vuelta, conversamos sobre lo bonito que se encuentra decorado el lugar y a continuación, nos dedicamos a escribir la información que Marina dirá en su stand.

Quince minutos y dos tomas de stand después, tenemos lo primero listo. A las 2:30 pm aproximadamente decidimos ir a comer, pero antes pasamos por un puesto para que yo me comprara el jabón que había visto antes, sí, no lo pude evitar, ya van $60 pesos menos.

A causa de nuestro poco presupuesto, decidimos entrar a la Cervecería Chapultepec, para consumir productos a $19. Aproximadamente una hamburguesa y dos cervezas después, decidimos llevar las cosas que ya no necesitáramos a mi carro, y debo admitir que me divertí mucho en el camino de ida, porque mis amigas se quejaron de la distancia, hasta no poder más.

Una vez de regreso en el jardín, con mis amigas aún indignadas, hicimos más tomas de puestos que antes se hallaban vacíos y que en ese momento estaban abriendo, y adivinen qué, me compré un producto para el cabello, oficialmente me encontraba sin dinero.

Después de eso, y de terminar de recopilar las tomas necesarias, nos juntamos en un punto del jardín y nos quedamos viendo hacia catedral considerando seriamente ya retirarnos, pero faltaba lo mejor, la presentación de Luis Ángel Jaramillo “el niño de Coco”, como mis amigas y yo lo llamamos, y a buscar al famoso Xoloizcuintle para poder hacer tomas, aunque en ese momento, no había ni uno sólo.

A las 4:30 pm nos sentamos en sillas de metal frente al escenario en el que se llevarían a cabo las presentaciones musicales y un desfile de modas. A las 5:00 pm aproximadamente, comenzaron con las presentaciones, primero subieron un grupo de varones, que por cierto, tocaron canciones “viejas” y conocidas, así que nos supimos varias, las cantamos y nos reímos, en fin, esa presentación la disfrutamos mucho.

A continuación, se subieron dos jóvenes, quienes conducieron todo el evento, bromearon, platicaron y finalmente, presentaron el siguiente número musical, que si mal no recuerdo, eran niños tocando instrumentos “prehispánicos” y también fue una presentación que disfrutamos mucho.

El problema comenzó cuando fue el turno de una escuela de música, quienes estuvieron en el escenario lo que se sintió como una eternidad, las bocinas estaban saturadísimas de sonido, lo cual provocó que me dolieran los tímpanos y la cabeza, la presentación fue muy larga, y al final muchas personas que estábamos ahí, sólo por “el niño de Coco”, nos quejamos de esa parte del evento, que se sintió interminable.

Después de más de cuatro horas de estar escuchando música a todo volumen, hacer las tomas del único xoloitzcuintle que asistió, nos dolieran los tímpanos, la cabeza y la espalda, por fin salió el tan esperado Luis Ángel Jaramillo, grabamos parte de su presentación, otra la vimos, admiramos su voz y a continuación, sin haber escuchado las canciones de “Coco”, nos retiramos del lugar decepcionadas por no alcanzar a cantarlas, pero ansiosas porque nuestras mamás nos esperaban en casa con un sermón porque habíamos estado fuera todo el día.

Por Amaranta Muñoz Ceballos

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