ARTÍCULO: Ana Amalia Schacht, una mujer decimonónica

Por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda

 

Ana Amalia Schacht Gamiochipi, segunda de cinco hermanos (4 mujeres y 1 hombre), nació en Colima el 15 de abril de 1862, en la casa No. 72 de la calle Zaragoza, construida por su padre poco antes de casarse a la edad de 38 años con Ma. Concepción Garniochipi, de 16 años, en el templo del Beaterio el 3 de noviembre de 1859. Sus abuelos fueron: paternos, Ana Amalia Oberdarfeo y Enrique Emiliano Christian Schacht, pastor protestante, en Alemania, y maternos, Delfina Manero, originaria de Durango y Antonio Gamiochipi, español.

En 1866, después de terminar su casa contra esquina de Catedral, en el portal Medellín, donde hoy se ubica un hotel, la familia viaja a San Francisco California, donde radicó seis meses y a su retorno, Amalia aprendió en Colima las primeras letras de su institutriz, la maestra Rafaela Suárez. En 1868, guiado por el interés en la educación de sus hijos, Agustín Schacht y su familia se trasladan a Hamburgo, donde viven cerca de la casa de los padres de Agustín. Ana Amalia estudio alemán e ingresa a una escuela, distinguiéndose por su “aplicación y buena conducta”. Asimismo, recibe clases de piano y el presbítero Teodoro Husing la instruye en la religión católica, a solicitud de su madre.

La familia regresa a México en noviembre de 1876 y tras un largo viaje, arriba a Colima el día 27 de diciembre de ese año. En la tranquila vida de Colima, Ana Amalia se dedica a la instrucción de sus hermanas menores y para ello, elabora un minucioso plan de estudios que fue revisado por su padre, al mismo tiempo que realiza esa tarea, Amalia continua su propia formación, recibiendo clases de gramática castellana, aritmética, filosofía, francés y música.

El 18 de septiembre de 1882, contrae matrimonio con el doctor Gerardo Orozco, una figura conocida en la historia colimense; la víspera recibe la primera comunión en el templo de la Sangre de Cristo de manos del presbítero, más tarde obispo de Colima, Amador Velasco, quien también daría la bendición nupcial a los esposos. En Manzanillo, el Dr. Orozco con otros médicos combate la terrible fiebre amarilla, que devastó la población colimense, él no escapa al contagio y fallece el 17 de octubre de 1883, en Colima; Ana Amalia queda viuda con una pequeña niña que también sucumbe a la epidemia.

Amalia se reintegra a su familia, que en 1887 se traslada a vivir en la fábrica de hilados y tejidos La Atrevida, ubicada en la zona aledaña de Colima, hoy V. Carranza; ella, con escasos recursos, trabaja como profesora de música en la Escuela Superior de niñas, y siendo “una mujer capaz y activa”, desde 1886, se hace cargo de la administración de la lotería de la Junta de Caridad del estado de Colima.

En 1888, se casa con el Dr. Conrado Castellanos. No se sabe cómo lo conoció o sí decidió casarse por referencias, algo más común de lo que se pudiera sospechar; Ana Amalia era amiga de Adela Castellanos, hermana de Conrado. El acto civil se efectuó por poder, en Colima, con Gilberto Orozco como apoderado del doctor y el acto religioso se realiza en Lima, Perú, el 1º de diciembre de ese año, donde Amalia se reúne con su esposo, acompañada de su padre, su hermana Enriqueta y su cuñada Adela. Poco después viajan a Brasil y de ahí a Valparaíso, Chile, donde, siempre activa, Ana Amalia ejerce la docencia en el colegio de las Damas del Sagrado Corazón, impartiendo clases de alemán y piano; poco tiempo después siguen viaje a Argentina, donde el Dr. Conrado podría administrar sus propiedades; desde Santiago de Chile siguen camino hacia el Estrecho de Magallanes y finalmente llegan a Buenos Aires.

Ana Amalia, además de cumplir su función de ama de casa se dedica a la enseñanza del piano, alemán e inglés. Sin embargo, parece que el matrimonio no era su destino, el 4 de noviembre de 1889, enfrenta de nuevo la viudez y toma la decisión de regresar a Colima; una mañana sale de Buenos Aires en compañía de Adela y de Rafael Vargas, un colimense que, cumpliendo las órdenes de Agustín Schacht, “nunca se separaba de ella”. Emprenden un largo y penoso viaje, durante el cual estuvieron expuestos a innumerables peligros. Abordan el tren hasta la última estación en la Cordillera de los Andes, donde compran mulas para atravesar las montañas y llegan a Valparaíso, Chile, después de muchos días, donde “los recibieron con afecto y admiración de que hubieran hecho ese viaje tan atroz en el que habrían podido perder la vida”.

Según el obispo Amador Velasco, Ana Amalia con 28 años, doblemente viuda y sin hijos, visita a las religiosas del Sagrado Corazón en Valparaíso y les ofrecer de nuevo sus servicios como profesora; lo cual es aceptado, pero la madre superiora, viendo su tristeza, le aconseja regresar a México, con su familia. Amalia viaja a Colima y aquí, lleva una vida retirada y de trabajo. En 1892, fallece su padre y la familia se ve obligada a dejar la fábrica, que había sido su hogar desde 1887, “por haber quedado en otras manos”. Ella se hace cargo de sus hermanas, ya que su hermano tenía su propia familia: con su hermana Concepción, que era una “notable pianista”, organiza un coro de jovencitas para el templo; además, tiene a su cargo la dirección de la clase de música del Colegio de La Purísima e impulsa el gusto por el arte musical entre sus alumnas, aumentando el desarrollo artístico en Colima, en donde “las jóvenes y los jóvenes colimenses en los bailes parecían una visión de leyenda alemana … “ (Chavero Alfredo, 11904:97. “El Manzanillo, el Colima”, en: Ortoll Servando, compilador, 1987. Por tierras de cocos y pal¬ meras. Apuntes de viajeros a Colima, siglos XVIII a XX. Instituto Mora. CEO¬ SA. México).

Su vida transcurre sin más sobresaltos, hasta una noche, orando ante el Santísimo, un quinqué cae sobre su hábito, por haber ingresado a una orden religiosa; la tela se prende con el fuego y, de acuerdo con los relatos de los que asistieron a su agonía, las quemaduras fueron de tal grado, que las varillas de su corsé se incrustaron en su carne. Cinco días después fallece, el 29 de marzo de 1910, “sin quejarse una sola vez”, ante el asombro de su confesor, el señor Amador Velasco, que la instaba a que lo hiciera. Fue enterrada en el Hospicio de Colima.

Este resumen de la vida de Ana Amalia Schacht, una mujer decimonónica, nos abre una ventana, desde la perspectiva de género en relación con la educación en Colima y la influencia alemana en el siglo XIX [1]. La información se sustenta en documentos en el Archivo del ICC, Archivo del Instituto Cultural de Colima y un manuscrito del obispo José Amador Velasco Peña (1899), así como entrevistas a miembros de su familia, entre ellos la Sra. Enriqueta Schacht de Schulte (grabada en 1992). Sabemos que a los 6 años ya sabía leer, a los 14 años era capaz de programar los cursos para sus hermanas y estudió materias que no formaban parte del currículum femenino, como filosofía y teología, dominaba tres idiomas, además del español, alemán y francés e inglés, lenguas que practicó, ya que en Colima radicaban personas originarias de países que las hablaban. Ana Amalia manifiesta un constante deseo de saber e incursionar en áreas que no se contemplaban en la educación femenina; un tema para otros estudios.

(1) Acuña C.M.E. (2007, pp. 225 – 254). Ana Amalia Schacht un estudio de caso en la educación privada en Colima del siglo XIX: Acción femenina, en: Rodríguez Á.M.A. Escenarios, actores y procesos: la educación en Colima durante el siglo XIX y primeras décadas del XX. UCol. Colima, México. En: https://books.google.com.mx/books?id=Z2bkO0EvNfEC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false mirtea@ucol.mx

 

Editado por Rocío Rossi

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