¿Es normal que se me olviden ciertas cosas?

Los seres humanos disponemos de un don innato para el olvido. Y la mayoría de nosotros, nos ha pasado que olvidamos cosas desde muy sencillas hasta unas muy importantes. Sin embargo, a veces nos resulta imposible borrar de nuestro recuerdo experiencias realmente ingratas, vivencias de las que resulta complicado desprenderse.

La respuesta a todo ello la encontramos en nuestro sistema de memoria, que evolucionó con nuestra especie para favorecer la supervivencia incluso en los contextos más desafiantes.

La memoria depende de varios sistemas diferentes con características particulares. Hace varias décadas que se han descrito diferentes sistemas que dan cuenta de todos nuestros aprendizajes, desde andar, escribir o hablar, hasta conducir, montar en bici, dibujar o aprender una canción.

Posiblemente, la clasificación más admitida en la actualidad sea la presentada a finales del siglo pasado por el científico norteamericano Larry Squire, que  distinguió una memoria declarativa, que corresponde a la que formamos de manera explícita y evocamos posteriormente de modo consciente.

El cual se encarga de procesar los recuerdos de tipo autobiográfico y el conocimiento que adquirimos del mundo a lo largo de nuestra vida.

Según Squire tenemos una memoria no declarativa, responsable del aprendizaje de habilidades motoras, que se adquieren con la experiencia y se demuestran con la práctica.

Esta se ocupa de almacenar estructuras aprendidas y automatizadas, como el orden de las palabras dentro de una oración. En este sentido, las memorias autobiográficas (declarativas) son más vulnerables que aquellas otras de las que dependen los actos motores (no declarativas).

La respuesta a todo ello la encontramos en nuestro sistema de memoria, que evolucionó con nuestra especie para favorecer la supervivencia incluso en los contextos más desafiantes.

Según Squire también tenemos una memoria no declarativa, responsable del aprendizaje de habilidades motoras, que se adquieren con la experiencia y se demuestran con la práctica, como montar en bicicleta.

Esta misma memoria se ocupa de almacenar estructuras aprendidas y automatizadas, como el orden de las palabras dentro de una oración.

En este sentido, las memorias autobiográficas (declarativas) son más vulnerables que aquellas otras de las que dependen los actos motores (no declarativas).

Así que cuando uno aprende a montar en bicicleta esa memoria procedimental permanece prácticamente inalterable a lo largo de nuestra vida, mientras que los eventos autobiográficos presentan una menor resistencia a los procesos de olvido.

Los recuerdos con alto contenido emocional permanecen más tiempo en nuestra memoria, incluso toda la vida.

No podemos recordar exitosamente aquello a lo que no prestamos atención. Y todos sabemos que constantemente son multitud los estímulos que llaman nuestra atención e interfieren con nuestras tareas más cotidianas.

 

Con información de El Universal, editado por Verónica Delgado.

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