Tecomán, pasajes entre la pandemia y la violencia

Por Rosario de Jesús Cervantes Cárdenas

Vivo en Colima, específicamente en Tecomán. Ese municipio hace algunos años, era considerado uno de los más peligrosos. Muchos turistas incluso no querían ya venir a las paradisiacas playas que se encuentran aquí.

Ahora ya no es un municipio tan violento. Recuerdo que hasta los soldados tenían que revisar tu carro a la entrada de Tecomán; ya no, ya disminuyó y, por lo tanto, los turistas han regresado.

Sin embargo y a pesar de que disminuyó la violencia, no terminó completamente. Algunas colonias aún suelen ser peligrosas de cruzar, pero ese no es el caso de la mía.

Mi colonia suele ser un lugar tranquilo, donde las personas pasan por las calles aún a las 3 de las mañana. Tenemos de vecina a una avenida principal, donde a veces hay algo de tráfico por las calles. Los vecinos y nosotros ya estamos acostumbrados.

Por ser avenida principal, cerca de nosotros tenemos todo. Si hacía falta un Oxxo, ya lo hicieron, si hacía falta una gasolinera, también. Kiosko ya había, tienditas de la esquina, el jardín principal cerca, una cancha techada y sin violencia.

Y de esto se han aprovechado varios vecinos (incluso mi mamá), pues al ser avenida principal y sin violencia, muchas familias y trabajadores deciden venir para acá a almorzar.

Hay muchas personas con negocios informales, pero a pesar de eso nadie imita lo que vende y así, no hay conflictos, hay mucha variedad. Por ejemplo, en la esquina de mi casa venden barbacoa, contra esquina, tacos tuxpeños; mi mamá entamalados y pan, otra vecina sopes estilo Tecomán y a la vuelta, tacos de asada. Incluso, hay personas con venta de ropa americana.

Todos los que vendemos algo nos apoyamos. Unos entre otros nos compramos porque sabemos que todos tenemos necesidad y que no trabajamos por gusto. Nadie le tiene envidia a nadie (o eso creo yo).

A partir de que mi papá falleció el 20 febrero de 2020, fue cuando la pandemia comenzó. Mi papá era el sustento de la casa, al menos un 70% y mi mamá el otro 30%, que ahora se convierte en 100%. La pandemia la dejó sin trabajo, con una enorme cuenta en la funeraria y gastos míos, porque aún no comenzaban las clases en línea.

Semanas después deciden que ya no regresaríamos a clases durante 15 días (los cuales se convirtieron en un año) y mi mamá tenía un gasto menos. Decide emprender y comenzar a vender entamalados. Mi hermano mayor y yo la apoyamos. Cada quien haciendo algo distinto.

Afortunadamente nos ha ido demasiado bien, hemos podido seguir adelante y prácticamente todos nos hemos vuelto el sustento de la familia. Pasan los días y más personas nos siguen conociendo y apoyando. También los vecinos, como dije anteriormente, al igual que nosotros a ellos.

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